Hace un par de días estuve en un lugar precioso, en las inmediaciones del monasterio x. En el monasterio no se puede entrar, porque como muy bien indican los frailes que en él habitan, es un lugar de retiro y silencio y no hay nada de interés que tenga que verse. Además, en ese mismo cartel solicitan silencio ya que al otro lado el murete (un muro de un espesor de unos 30 cm) hay toda una comunidad que ha llegado hasta allí buscando silencio y una vida retirada.

Seguramente no ignorarán estos frailes, que al otro lado del muro está fluyendo una buena dosis de cosmopolitismo y aunque se ruega silencio, el homo sapiens se hace notar: problemas de aparcamiento, pitidos, motores, humo, maniobras, marcha atrás… (es lo que tiene viajar en días festivos).
Y ahí está: una hilera humana serpentea arlededor del recinto. Ríos de estupidez cosmopolita acechando el retiro espiritual.

Con el máximo respeto a todo lo que me rodea y con bastante resignación, me uno al río de estupidez, para corroborar a los pocos metros lo que venía siendo ese río: una bolita de papel de albal depositada sobre el murete de 30 cm de ancho… lógico, para qué querra ése de mi especie sostener algo que ya ha cumplido su misión (envolver el bocadillo), pues lógicamente, se deshace de él y se lo deja a los frailes.

Allá va otro que, aplacada la sed, coloca estratégicamente la botellita vacía entre dos raíces de roble, para que no se mueva, supongo… no vaya a ser…

Recogemos los detritus de nuestros congéneres y subimos a la ermita. Por el camino oímos unos cánticos… no de los frailes… son los que han venido en autobús…

Llegamos a la ermita, ¡no hay nadie!… ¿Será por la subida?

Y ahí está: a punto de dejar el camino de la ermita, para unirnos de nuevo al río de estupidez, la gran visión: Dos toallitas higiénicas individuales (superecológicas, por cierto) que la del coño dorado debía llevar en su fantástico bolso, bien guardadas en su envoltorio tras limpiarse su estimado pussy, y entre ellas un tampón sanguinolento también medio tapado con su envoltorio… allí, los tres objetos delicadamente expuestos a la vera del camino…

¿Qué precio tenemos que pagar los demás para que tu coño brille?, ¿y el que peregrine a la ermita el miércoles por la mañana?. Sabemos que tienes un coño de oro, pero ¿y la cabeza?, en la cabeza hay una Y y una O (YO) que no te deja ver mucho más, y el resto es basurilla acumulada tras años de tele-educación y muy poca cultura.

Y esa es la gentucilla que por desgracia sale de la urbe… Queridos ciudadanos de asfalto: visitad museos, salid al centro comercial, quedaos viendo la tele, compraros unos zapatos, ir al gimnasio, ir al cine, quedad con los amigos, lo que queráis, pero mientras no sepáis comportaros fuera de vuestro cosmomundo, por favor, no salgáis, que duele.

Y concluyo con palabras del niño espiral: “Tendréis el coño de oro, pero vuestra alma está podrida por dentro”.

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